En el Tema 6 de “Linguas Estranxeiras no Contexto Español e Internacional”
tratamos las programaciones didácticas. Es un tema que en un comienzo me imponía
mucho respecto, porque no sabía prácticamente nada sobre él y por la
importancia que estas tienen para las oposiciones. En el aula vimos cuáles son
las características generales que debe tener una buena programación, la
normativa en ESO, Bachillerato, FP y la EOI y las características de las
programaciones en las oposiciones.
Una de las partes que me resultó más interesante fue cuando vimos la
rúbrica que se emplea para evaluar las programaciones en las oposiciones. Por
un lado, a nivel personal me pareció enormemente útil para saber qué es lo que
se pide exactamente, porque estaba algo confusa desde que hicimos la unidad
didáctica al comienzo de curso. Por otro, me sirvió para ver el nivel de
detalle que se exige a las personas que presentan, que tienen que dominar
totalmente cómo hacer una programación para poder aprobar el examen. Pero, ¿es
tan importante tener una buena programación para ser un buen profesor?
El hecho de vernos obligados a hacer una programación didáctica al comienzo
de curso nos obliga a estructurar todos (o casi todos) aquellos elementos que
vamos a tener que tener en cuenta para poner en marcha nuestras clases: el
centro en el que estamos, los alumnos que tenemos y las atenciones que necesitan,
la metodología que vamos a emplear, los recursos que necesitamos, las
competencias básicas, los objetivos, los contenidos y cómo vamos a evaluar.
Es obvio que la programación parte de una realidad prediseñada que luego,
en numerosas ocasiones, nos obliga a hacer modificaciones y adaptaciones para
poder impartir la mejor docencia posible. Sin embargo, creo que si no
consideramos todos y cada uno de estos puntos antes de comenzar el curso escolar
(o incluso clases particulares) nuestro proceso de enseñanza va a ser mucho más
caótico, ineficaz y mucho menos dirigido. Por ejemplo, si no conocemos las
características de nuestro centro, ¿cómo vamos a sacar el mayor provecho
posible a las características que nos ofrece el entorno? Si no sabemos qué
objetivos y contenidos queremos trabajar, ¿cómo vamos a conectarlos para que
los alumnos aprendan de forma ordenada y con sentido? Y si no planificamos los
recursos con los que vamos a trabajar, ¿cómo vamos a saber si las actividades
que queremos hacer son ejecutables o no?
En conclusión, creo que las programaciones didácticas son una herramienta
increíblemente útil y absolutamente esencial para la calidad de las clases. De
aquí a que yo consiga tener una plaza fija de docente (si es que algún día
ocurre) va a pasar mucho tiempo, pero a partir de ahora, voy a intentar adecuar
los elementos de la programación para planificar a largo plazo otro tipo de
clases (particulares o con grupos en academias), pues considero que va a
mejorar la calidad de mis clases y el rendimiento de mis alumnos.

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